La economía mexicana ante el desafío de acelerar su crecimiento estructural
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene la estabilidad macroeconómica mientras busca estrategias para impulsar un desarrollo más dinámico en el país.

A mitad de este año 2026, México enfrenta el reto de transitar de una etapa de estabilidad financiera hacia una fase de crecimiento económico sostenido. La presidenta Claudia Sheinbaum dispone aún de tiempo en su gestión para colocar el desarrollo productivo en el centro de su agenda, aprovechando las bases de disciplina fiscal establecidas por la SHCP. Aunque la estabilidad es un componente indispensable, diversos analistas coinciden en que debe utilizarse como plataforma para detonar inversiones de mayor valor agregado.
El contexto actual muestra una economía que ha logrado sortear presiones inflacionarias externas, gracias en gran medida a la política monetaria implementada por el Banco de México. Sin embargo, el crecimiento observado en los últimos meses se mantiene moderado, lo que genera expectativas sobre las políticas públicas que la Secretaría de Economía podría impulsar para incentivar la competitividad nacional. El objetivo es fortalecer el mercado interno y aprovechar las ventajas logísticas que el país ofrece en el ámbito del comercio internacional.
Desde el equipo de trabajo de la administración federal se ha planteado la posibilidad de implementar programas que faciliten la transición hacia industrias más tecnológicas. Estas propuestas buscan modernizar la infraestructura básica y mejorar las condiciones para la pequeña y mediana empresa, sectores que históricamente han sido el motor de la generación de empleo formal. La intención es que estos ajustes no solo promuevan la inversión privada, sino que también aseguren una distribución más equitativa de los beneficios económicos a nivel regional.
El papel del Congreso de la Unión resulta fundamental en este escenario, especialmente en la discusión de presupuestos que prioricen la inversión pública en sectores estratégicos. La coordinación entre los distintos órdenes de gobierno, incluyendo a los gobernadores, será determinante para eliminar cuellos de botella que aún persisten en diversos estados de la República. La estabilidad actual, lejos de ser un fin en sí misma, se perfila como el vehículo necesario para alcanzar un despegue económico que sea palpable para la ciudadanía en el corto y mediano plazo.


